Me ha tocado ver últimamente a muchas mujeres sufrir por amor. Y te lo advierto, lo que viene aquí te puede parecer conservador. Pero creo fehacientemente que estoy en lo correcto.
Una compañera de trabajo se va con un hombre que conoce hace un mes a pasar un fin de semana. No conocen a las respectivas familias, ni a los amigos. Poco han hablado de sus dolores y algo más de sus sueños.
Ella llega con pijama nuevo y perfume a una cabaña en la playa. Está nerviosa y además tiene una enfermedad venérea que le acaban de descubrir. No es Sida. Es papiloma, un virus mucho más frecuente y de la que casi no se sabe nada.
Después de un vino común y quesos, la película se rueda como siempre. Muchos besos, mucha pasión, mucho sexo. No hay “ te quieros”… es más nunca se han dicho es frase y el sólo hecho de mencionarla la espanta, “Es muy luego todavía, llevamos tan poco, ¡como le voy a decir te quiero!”. Me cuenta en una cafetería de Independencia.
Después de tres semanas y un weekend teñido de intimidad, él se da cuenta que no era tanto su interés y que está algo aburrido. Terminan. Y ella llora en los pasillos como la viuda más viuda que pudieses imaginar.
Y pienso. Siempre es pronto para conocer a la mamá, siempre es luego para decir “quiero estar contigo” o “ella es mi polola”. Pero no lo es para compartir la que tal vez es la esfera más íntima y privada que tiene el ser humano: la sexualidad. Esa unión que no alcanzamos con nuestros amigos, ni padres ni siquiera con nuestros hijos. Sé que suena a charla escolar de educación sexual, pero es demasiado potente. Revelarnos con todo, sacar lo más animal y lo más cándido que llevamos a la vez y juntar dos cuerpos, es el espacio de mayor poesía del que he sido testigo.
Y así elaboro mi teoría. Las mujeres sufren por sus arritmias sexuales. Porque sus ritmos son diferentes, ordenados y lentos. Porque le da miedo decir que no, mostrarse conservadoras o decir que es muy luego. Porque esa taquicardia propia de la pasión les da ansiedad y cuando el pulso baja, se angustian. Porque les aterroriza que el otro las abandone por no ser tan liberales o lo suficientemente parecidas a Carrie en “Sex and the city” ,cuando en realidad se identifican mucho más con dolores y sueños de nuestra querida Gertrudis.